Guadarrama, el templo profanado
Guadarrama, el templo profanado
Pues bien, cien años después de su publicación, otros colaboradores de esta revista, Javier Barbadillo y Jesús Dorda, pensaron en seguir las recomendaciones de Meliá sobre la sierra, pero ya era imposible. Buena parte del terreno había sido usurpada por infraestructuras, embalses y urbanizaciones. Así que cambiaron el enfoque y decidieron escribir un libro sobre lo mucho que ha cambiado la Sierra de Guadarrama a lo largo del último siglo.
No pretenden ofrecer una guía con itinerarios y recorridos, sino una crónica muy bien documentada de cómo se ha ido transformando la sierra debido a su intensivo aprovechamiento forestal, al auge de las segundas residencias y a la avalancha de madrileños que la asalta a la menor oportunidad. Yo mismo, que eché los dientes como montañero y naturalista por esas mismas quebradas, tengo la desagradable sensación de que ha terminado por convertirse en el mejor ejemplo de “templo profanado”.
No hay un solo rincón de la sierra que se haya librado de esa presión creciente de quienes buscan huir de la ciudad y respirar un poco de aire puro. Como ejemplos llamativos, el camino que lleva a la Laguna de los Pájaros está ahora mismo cerrado al público; la Laguna Grande de Peñalara tuvo que ser vallada en 1995 para evitar la erosión de sus orillas; y, aún antes de eso, la Laguna Chica fue represada para abastecer de agua a los cañones de nieve de la estación invernal de Valcotos. Hoy en día, tanto el dique como las pistas de esquí se encuentran felizmente desmanteladas. La declaración del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama en el año 2013 fue, con todas sus carencias, una medida de lo más oportuna para regular el uso público de este espacio natural tan saturado.
Todo aparece fielmente reseñado y argumentado en este libro escrito a cuatro manos, aunque cada autor firma sus propios capítulos. Javier se ocupa sobre todo del paisaje, la vegetación y la historia reciente de la sierra, mientras que Jesús aborda la fauna serrana e incluso las razas autóctonas de ganado, además de todo lo que tiene que ver con la Estación Biológica del Ventorrillo, vinculada como él al Museo Nacional de Ciencias Naturales.

