Ecología, urbanismo ecológico, movilidad y desarrollo sostenibles, “verdificación” de las ciudades, ecoturismo... ¿Quién no conoce estas palabras? Nos asaltan a diario, exhortándonos a ser más conscientes y respetuosos con el medio ambiente, a pasear más, a plantar más huertos, a entrar en contacto con la naturaleza auténtica. Pero, nos dice Ramón del Castillo en este libro, deberíamos pararnos a pensar qué esconden estos términos, si realmente no pretenden crear una falsa conciencia ambiental tras la que se oculta un proceso constante de mercantilización y recapitalización de la naturaleza. Al finalizar la lectura de El jardín de los delirios el lector tiene muy claro lo que opina del Castillo sobre cuestiones como la moda del senderismo, que ha llenado los parajes naturales de esforzados caminantes con ropa deportiva de marca, las campañas de verde público o la renaturalización de los paisajes: como afirmó el filósofo francés Alain Roger y del Castillo secunda con entusiasmo, «la ecología es un lodazal de biologismo y de teología, y no deberíamos fiarnos de los devotos de la Naturaleza», dado que la ecología se ha convertido en «el nuevo truco con el que unificar (falsamente) a una sociedad desintegrada».
El autor examina la necesidad del ser humano de estar en contacto con la naturaleza, o más bien con la pseudonaturaleza sometida y edulcorada y cuestiona con el humor e ironía las supuestas bondades del paseo, la existencia de una naturaleza original e integral a la que poder regresar o el uso de los parques no solo como lugares de entretenimiento, sino de entrenamiento (como comprobará cualquier lector, ahora mismo resulta muy difícil perderse o pararse en un parque público: sólo se permite la acción). Y lo hace utilizando un enfoque psicogeográfico a través del arte del caminar, de paseos en los que las discusiones acaloradas sacan a relucir las posiciones de cada uno, para a continuación dedicarse a describir «los extraños jardines






